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Sadiq y Ramazani le meten un mordisco a la permanencia

Al Valencia se le había presentado una oportunidad de oro de pegarle un buen mordisco a la salvación poniendo cinco puntos de distancia respecto al Mallorca. Tenía que ganar a Osasuna, que llegaba a Mestalla con la flechita hacia arriba, y cumplió. No fue de la forma más brillante posible ni tampoco la más bonita, pero eso importa poco cuando tienes la soga del descenso al cuello. Ramazani, desde el punto de penalti, decidió un partido muy pobre en lo futbolístico y salvaguardó tres puntos clave que permiten a los de Carlos Corberán respirar más aliviados. 

Como es costumbre, y más en Mestalla, el Valencia arrancó el partido con ganas de llevar la batuta. Sobre el papel, iba a ser más sencillo con un centro del campo reforzado en cantidad con Guido, Javi Guerra y Ugrinic, y así fue. Pero tener el control del balón no es sinónimo de incomodar al rival, y los primeros minutos del partido fueron un buen ejemplo. El Valencia dominaba el esférico, pero era incapaz de generar peligro en la portería de Sergio Herrera. Osasuna, fiel a su plan, esperó resguardado atrás y trataba de cazar una contra, pero su precisión en los metros finales era la misma que la del Valencia, nula.

La primera parte, un bocata de ladrillos

En ese contexto se movió el primer bloque del partido, lo que comúnmente se conoce como un bocadillo de ladrillos. Un tostón, vamos. Ninguno de los dos equipos proponía nada y los dos guardametas parecían estar de adorno. No fue hasta el minuto 26 cuando Mestalla pudo, por lo menos, lamentar la primera ocasión errada. Nació de Javi Guerra, que quiso darle ritmo al asunto. El balón, ya dentro del área, cayó en las botas de un Sadiq que, tras trastabillarse bastante, se la cedió a Ramazani. El centro del belga al corazón del área lo esperaba un Rioja libre de marca, pero su disparo salió muy mordido, ni siquiera encontró portería. Consecuencias negativas de jugar a banda natural. 

La ocasión pareció despertar al Valencia, que de forma inmediata volvió a pisar área contraria, de nuevo con Ramazani como protagonista. El jugador del Valencia disparó en buena posición y su balón impactó de lleno en el brazo de Catena, pero el colegiado señaló que ese brazo estaba totalmente apoyado en el terreno de juego y decidió continuar sin sancionar nada. 

El amago de reacción valencianista se quedó en eso, en un amago, porque los últimos minutos de la primera parte distaron muy poco de los primeros salvo algún acercamiento de los locales que no se tradujo en peligro. Con el empate a cero y la grada luchando por no dormirse, el colegiado mandó a los jugadores a vestuarios. 

Tras el descanso, ambos equipos tenían el cometido de adelantar sus filas si de verdad querían que pasara algo. La primera con peligro fue de Osasuna, aunque llegó en un córner con un cabezazo que se marchó desviado. Todo parecía seguir los mismos cauces que el primer tiempo y, si de alguna forma se tenía que crear peligro, la vía más corta no iba a ser un acierto sino un error del rival. 

Sergio Herrera inauguró las Fallas con dos 'tracas'

En esas apareció Sergio Herrera, portero de paradas imposibles pero también de liar tracas. Y estando ya en marzo, quiso estrenar las Fallas con la suya particular. Ya avisó en el minuto 50 precipitándose en un saque de puerta y regalándole el balón a Rioja dentro del área, pero el sevillano se entretuvo demasiado. El mismo Rioja, tres minutos después, dispuso de otra ocasión, pero su disparo se marchó muy desviado. Fue su última oportunidad porque acto seguido Corberán dio entrada a Danjuma en esa banda izquierda. 

Aún sin precisión, si algún equipo lo estaba intentando era el Valencia, y su premio terminó llegando, no por capacidad de crear una jugada de peligro sino por una presión bien ejecutada. El equipo recuperó el balón en el centro del campo y Javi Guerra puso a correr a Sadiq, que le ganó holgadamente la carrera tanto a Catena como a Herrando. Delante de Herrera, optó por recortar y se topó con la zancadilla del guardameta rojillo. Penalti claro. La ejecución la asumió de nuevo Ramazani, que no falló, pero tuvo que repetirlo por una torpeza de Gayà, que invadió claramente el área antes del lanzamiento. Para el alivio del capitán y del valencianismo, Largie tampoco erró el segundo lanzamiento y el tanto subió al marcador. 

Con el 1-0, le tocaba asumir riesgos a Osasuna, que tampoco estaba teniendo un día muy lúcido. Alessio Lisci movió el banquillo, pero la realidad es que la película cambió poco, en parte porque, en defensa, el Valencia sí estaba mostrando algo de solidez. Lo intentó Osasuna, que evidentemente asumió más riesgos, pero poco o ningún peligro creó. El muro defensivo del Valencia se mantuvo y esa fue la mejor noticia

Los ocho minutos de alargue fueron algo tensos, con el conjunto navarro quemando todas sus naves y con la ligera sensación de que el Valencia podía liarla en cualquier momento en defensa, pero eso no ocurrió. El choque se cerró con otro cante de Sergio Herrera, que había subido a rematar la última falta lateral a favor. Con el balón en poder de Dimitrievski, el portero rojillo atropelló al macedonio y desató un pequeña tangana con la que el colegiado puso punto final al partido.

Con el pitido final, los tres puntos se quedan en Mestalla. Y no tres puntos cualquiera. Tres puntos que aumentan a cinco la distancia con el descenso y sirven para respirar más aliviado. Sin margen para confiarse, la próxima semana es el Alavés quien visita Mestalla en otro partido de obligado cumplimiento para los valencianistas. Solo vale ganar. 

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