"Todo lo que pueda ir mal, irá mal". Así reza la Ley de Murphy, en la que parece haberse instalado el Elche en 2026. Desde el cambio de año, el conjunto franjiverde parece concatenar episodios negativos que le han llevado de la ilusión por una temporada apacible a la angustia de ver muy de cerca la zona de descenso a Segunda División.
Hagamos memoria de todo lo negativo que ha ocurrido desde la última victoria del Elche, que data del mes de diciembre: nueve jornadas de liga sin ganar, eliminación en Copa del Rey, numerosas lesiones (Rafa Mir, Héctor Fort, André Silva, Pedro Bigas, Diang, Josan), sanciones inoportunas, el mercado invernal, la pérdida de Álvaro Núñez, las polémicas arbitrales; los bazookas, tanques y tirachinas de Eder Sarabia... y así, hasta llegar a la denuncia por racismo a Mir del pasado domingo.
Demasiados nubarrones han convertido el plácido cielo bajo el que entrenaban y jugaban los futbolistas franjiverdes en un clima áspero, incómodo, de desconfianza. Esa es, quizás, la palabra clave en todo. La confianza, o falta de ella, ha llevado a un equipo que la necesita como algo fundamental para desarrollar su estilo de juego a un territorio de demasiadas dudas.
El algoritmo del Elche
Por eso, el Elche ha pasado de ser noticia por su juego y sus resultados positivos a entrar en los buscadores de los algoritmos por sus quejas, los pollos que monta su entrenador o si uno de sus futbolistas, ya bajo sospecha por una gravísima acusación penal, es un racista ("viniste en patera") o un matón de medio pelo ("te voy a reventar la cabeza").
Situaciones, todas ellas, que empañan la imagen de un club que no ha gestionado del mejor modo estos últimos meses. Algo se ha torcido en el juego porque desde arriba se han tocado las teclas de manera cuestionable. El enorme vacío en la banda derecha se ha solucionado con un regreso cuestionable (Tete Morente) y una apuesta de futuro (Sangare), no de presente. Tanto en lo defensivo como en lo ofensivo, esa zona ha dado un bajón considerable sin Álvaro Núñez.
La sobresaliente, en lo económico, venta de Rodrigo Mendoza se ha tapado en lo deportivo con otro retorno, en este caso de un futbolista, Gonzalo Villar, cuyo compromiso está fuera de toda duda, pero que hasta el momento ha disputado 11 minutos en un mes. Se fichó a un extremo en invierno (Cepeda) para usarlo por dentro, como al otro extremo fichado en verano (Diang). No se reforzó la posición de central, lo que ha obligado a sobreutilizar lo que debería ser un recurso: zurdos a pie cambiado.
Encontrar soluciones
Y Sarabia, ante esta montaña de problemas, no encuentra soluciones. Las busca. Prueba. Es valiente, temerario en ocasiones. Nunca morirá por cobarde. Ni por renunciar a una idea en la que crea. Pero la sensación, cada vez más agravada, es que necesita una victoria. Quizás no para creer él, para que tenga fe su equipo. Porque sin ganar, la confianza disminuye. Y las dudas aumentan. Eso es lo que está arrastrando al Elche hacia la zona de descenso.
El problema principal que ahora tiene por delante el conjunto franjiverde es que tras no derrotar (y jugar muy mal) al Espanyol, uno se pregunta cómo hacerlo a Villarreal y/o Real Madrid, ambos a domicilio. El peligro de caer a una de las tres últimas posiciones si no se vence en alguno de estos dos escenarios es más que evidente. Después llegarán finalísimas, muchas de ellas en el Martínez Valero, pero antes hay que encontrar el modo de recordar cómo ganar. De salir de la Ley de Murphy. De que, por una vez, lo que pueda salir mal, salga bien.