Estaban siendo los peores minutos del Barça en el césped del Spotify Camp Nou. El Atlético de Madrid, que durante los primeros 40 minutos casi no había salido de la cueva, había tomado el control del balón con un Griezmann clarividente, capaz de limpiar jugadas con un solo toque.
Pero entonces apareció Pedri. Quedaban pocos segundos para acabar la primera mitad, a tres goles de empatar la eliminatoria y todavía con el susto en el cuerpo del remate de cabeza de Lookman que casi tiró por la ventana todas las opciones de remontada.
No le importó al mago de Tegueste, que aprovechó una pared de Ferran para plantarse en el área. Fue en ese momento que todo se paró. Pubill, impecable hasta ese momento, estiró de más la pierna y derribó al canario.
Ricardo de Burgos Bengoetxea no lo dudó ni un segundo y señaló el punto de penalti. Pese a las protestas de los jugadores del Atlético de Madrid y de Simeone desde la banda, en las que pedía la intervención del VAR, el colegiado no tuvo ni que ser llamado al monitor.
Esta vez, tras el error desde los once metros en Girona de Lamine Yamal, el capitán Raphinha asumió la responsabilidad de transformar la pena máxima y poner el 2-0 en el marcador justo antes del pitido final de la primera mitad, con solo dos goles de desventaja y 45 minutos para soñar.