A la SD Compostela se le escapó algo más que dos puntos en un día gris en Burgáns. A pesar de que el cielo cambadés lucía mucho más despejado que en la tarde del pasado 7 de febrero, día en el que las intensas lluvias de la borrasca Marta obligaron a suspender el partido, el cuadro santiagués volvió a mostrar una versión encapotada, incapaz de superar la defensa local y resignada a aceptar un nuevo tropiezo: el cuarto en esta segunda vuelta. Ante el Juventud Cambados, la esedé perdió la oportunidad de clarificar su camino hacia el ascenso directo, dejando un colchón de tres puntos sobre el Arosa, que atormenta el buen clima picheleiro.
El conjunto picheleiro llegaba al encuentro en una evidente dinámica negativa de resultados. Su dolorosa derrota la pasada jornada a domicilio ante el Silva por 2-1 hizo que este encuentro ante los cambadeses fuera de vital importancia para poner tierra de por medio en el caso de lograr una victoria balsámica, que le distanciaría en cinco puntos con su más inmediato perseguidor. Por su parte, los de Pénjamo también afrontaban este partido con la necesidad de sumar los tres puntos para tratar de escapar de los puestos de descenso, que tenían a un punto al inicio de esta jornada, y de paso cortar su mala racha de diez jornadas consecutivas sin lograr el triunfo.
La primera mitad en el campo de Burgáns dejó claro que el duelo entre el Juventud Cambados y el Compostela iba a ser una batalla táctica más que un festival ofensivo. Fueron cuarenta y cinco minutos de enorme igualdad, de mucho respeto entre ambos conjuntos y de escasas concesiones en las áreas.
Desde el pitido inicial, el conjunto compostelano asumió la iniciativa. El equipo visitante trató de adueñarse del balón, moviéndolo con paciencia de un lado a otro en busca de fisuras en el entramado defensivo local. Con mayor posesión y un ritmo pausado, el Compostela intentó imponer su estilo, elaborando desde atrás y buscando progresar por las bandas para generar superioridades.
Sin embargo, se encontró con un Juventud Cambados tremendamente sólido. El cuadro cambadés planteó un partido muy serio en defensa, con líneas juntas, ayudas constantes y una gran disciplina táctica. El bloque bajo funcionó como un auténtico muro, cerrando espacios por dentro y obligando al rival a jugar por fuera, donde las acciones terminaban casi siempre en centros sin rematador o en balones despejados con autoridad por la zaga local.
A pesar del mayor control territorial del conjunto blanquiazul, lo cierto es que las ocasiones claras brillaron por su ausencia. Ninguno de los dos equipos consiguió inquietar de verdad la portería contraria. Las aproximaciones visitantes se quedaban en intentos sin continuidad, mientras que el Cambados, más replegado, buscaba sorprender a la contra, aunque sin lograr culminar sus transiciones con disparos peligrosos. El partido se movió en un terreno de equilibrio constante: mucho juego en la medular, disputas intensas y pocas concesiones.
El mando lo llevó el equipo santiagués en cuanto a posesión y propuesta, pero el conjunto local supo competir con orden y concentración, neutralizando cualquier intento de desequilibrio. Así, el encuentro llegó al descanso con la sensación de que todo estaba por decidir.
La segunda mitad mantuvo el mismo guion que la primera, pero con un punto más de insistencia por parte del conjunto visitante. El Compostela regresó del vestuario decidido a dar un paso adelante y asumió con claridad el mando del partido. Intensificó la circulación de balón, adelantó líneas y trató de instalarse de manera casi permanente en campo contrario.
Los ataques santiagueses fueron constantes. Hubo más centros laterales, más intentos de filtraciones entre líneas y una presión tras pérdida más agresiva para evitar que el Juventud Cambados pudiera salir con claridad. Sin embargo, el escenario apenas varió: el equipo local volvió a exhibir una estructura defensiva impecable. Las líneas se mantuvieron compactas, los centrales se impusieron en el juego aéreo y las ayudas defensivas llegaron siempre a tiempo para taponar cualquier intento de remate.
Secho Martínez movió el banquillo en busca de un revulsivo que rompiera la inercia. Introdujo piernas frescas y perfiles más ofensivos para ganar profundidad y presencia en el área, tratando de encontrar ese último pase que desarbolara el entramado cambadés. Pero, pese a la intención y al dominio territorial, el Compostela volvió a estrellarse una y otra vez contra un muro infranqueable. Faltó claridad en los metros finales. Las jugadas morían en centros despejados, disparos lejanos sin precisión o intentos de combinación que se diluían ante la concentración defensiva local.
El Juventud Cambados, por su parte, sostuvo el esfuerzo con enorme disciplina, sacrificio colectivo y una lectura perfecta del partido, consciente de que el orden era su mejor arma. Con el paso de los minutos, la sensación fue clara: el Compostela llevó el peso del encuentro y acumuló presencia en campo rival, pero nunca encontró la contundencia necesaria para transformar su dominio en ocasiones realmente peligrosas. El Cambados resistió con firmeza, manteniendo su portería a salvo gracias a un gran trabajo defensivo que terminó por desesperar al cuadro visitante.
Ficha técnica:
CJ CAMBADOS (0): David Conde; Brais Parada, Rodri Vázquez, Alberto Lago, Álvaro Tavares; Fran Álvarez (Alejandro Fernández, m. 81), Anxo Martínez (Seydou Drame, m. 90), Gonzalo Fariña (Diego Hernández, m. 75); André Piñeiro, Diego Iglesias y Alberto Estévez.
SD COMPOSTELA (0): Álex Cobo; Jorge Valín, Diego Uzal, Pablo Crespo, Riki Mangana (Aarón Martínez, m. 46); Unai Peón, David Rosón (Cañizares, m. 63); Parapar, Guisande, Adrián Armental (Charly, m. 71); y Jorge Maceira (Samu Rodríguez, m. 46).
GOLES: 0-0.
ÁRBITRO: David Táboas Lago (colegio vigués). Amarillas en el Cambados a Brais Parada (m. 50) yFran Álvarez (m. 62);y en el Compostela a Diego Uzal (m. 71) y Pablo Crespo (m. 87).
ESTADIO: Campo Municipal de Burgáns (Cambados).