Abre el calendario y anota el miércoles 29 de mayo: el Aviva Stadium de Dublín acogerá la edición número 53 de la gran fiesta continental. Reserva ya tu asiento frente a la pantalla o compra el billete de avión, porque la cita promete emociones que se quedan grabadas a fuego.
Celtic 2003: el milagro de Sevilla. A media hora del final, el Porto vencía 2-0 y el trofeo olía a bodega portuguesa. Sin embargo, tres tantos de los escoceses en veinte minutos desataron la locura en la banca de Martin O’Neill y obligaron a Mourinho a explicar por primera vez una debacle. El 3-2 final sigue siendo el único partido de la competición que se resolvió con un hat-trick de cabeza.
Fulham 2010: de la play-off de descenso a Hamburgo. Roy Hodgson armó un once con siete préstamos y un presupuesto menor que el de muchos clubes de Championship. En semifinales, el Atlético de Forlán y Agüero necesitó un gol en el 119’ para evitar la hazaenza. Un año después, el cuadre de Craven Cottage se convirtió en la plantilla más joven en disputar la final.
Ivory tears in Warsaw 2015: el Dnipro ucraniano llegó con la mitad de la plantilla bloqueada por el conflicto del Donbás. Sin poder entrenar en su estadio, hicieron sesiones en un colegio de Dnipropetrovsk y se clasificaron con un gol de zurdazo colgado de Matheus en el 88’ contra el Napoli. En la final, el Sevilla los doblegó 3-2, pero la ovación del estadio polaco fue para los hombres de Markevych.
Super-Sánchez 2018: el Arsenal salió al Stade de Lyon con diez bajas y un portero suplente de 22 años. Diez minutos tras el inicio, el técnico Arsène Wenger se vio obligado a colocar a Laurent Koscielny de carrilero derecho. Aún así, un doblete de Alexis desde el córner corto metió al Olympique Marsella en un lío del que no salió: 3-0 y tercera corona inglesa en siete años.
Estos capítulos no aparecen en los resúmenes de veinte segundos: son la razón por la que el torneo medio olvidado se transforma cada primavera en un escaparate de héroes anónimos, entrenadores que se juegan el puesto y ciudades que vibran al ritmo de un balón cuadrado. Apunta los nombres, anota las fechas y prepárate para sumar tu propia historia el próximo 29 de mayo.
Los momentos más épicos de la final
Rebobina al 16 de mayo de 2018: Radamel Falcao cabecea el 2-0 contra Marsella y, antes de celebrar, se arrodilla, toca la banda del césped y besa el escudo; el gesto dura cuatro segundos, pero sella la vuelta del Tigre al estadio más alto de su carrera.
2001: Liverpool 5-4 Alavés, gol de oro a las 116' tras un librazo de McAllister que desvía Geli; el balón entra por la escuadra, el árbitro pitó, el "Treble" de los reds se completó y el estadio La Cartuja rugió como nunca.
| Año | Jugador | Minuto | Golazo |
|---|---|---|---|
| 2001 | Geli (pp) | 116' | Librazo + desvío |
| 2013 | Ivović | 90+3 | Cabezazo estrella |
| 2026 | Roofe | 117' | Disparo cruzado |
2013: Benfica 1-2 Chelsea. En el 90+3, Ivanović se eleva entre dos defensas y clava la pelota en el ángulo; la hincha lusa quedó muda, el banquillo azul saltó al campo y el serbio saltó la valla para abrazarse con los aficionados que viajaron a Ámsterdam.
Otro recuerdo imborrable: Sevilla-Inter 2020, vacío por la pandemia; Luuk de Jong remata de chilena a los 74' y la pelota se incrusta junto al palo; sin hinchas, el eco del impacto resonó como un cañonazo por el RheinEnergieStadion, mientras los nerazzurri veían escapar su ansiado trofeo.
El gol del último minuto
Guarda el clip de Fellaini cabeceando en Basilea 2020: 92'20", 2-1, Inter-Bayer; repítelo en cámara lenta y verás cómo Handanovic adelanta la mano izquierda un segundo tarde.
Apostilla: si vas a Estambul, coge asiento en el 112 del grado sur; ahí explotó la grada naranjilla en 2025 cuando Gerónimo Rulli se adelantó al córner y, de rebote, la pelota terminó en la cabeza de De Jong. El VAR tardó 49 segundos; suficiente para que un aficionado holandés grabara el grito colectivo a 130 dB, récord UEFA en campo neutro.
- Minuto 89: cinco cambios simultáneos, balón parado en banda derecha.
- 89+3': saque corto, pase filtrado, córner forzado con defensor en el suelo.
- 89+5': centro medido, remate cruzado, silencio general y después estallido.
La clave está en el bloqueo legal: el defensor danés se queda plantado porque el colegiado interpreta que el atacante no impide la visión del portero; la línea de fuera del área lo confirma. En el monitor de beIN se trazó un triángulo: desde el saque hasta el segundo palo hay 36,7 m; el balón tarda 1,8 s en recorrerlos, imposible de despejar sin falta.
Curiosidad: el balón usado en Gdansk 2025 llevaba chip; la FIFA lo estudió y detectó 3.200 rpm de efecto, casi el doble que un disparo normal. Los físicos del Instituto Superior Técnico de Lisboa calcularon que, de haber impactado en el poste, rebota al área pequeña en 0,4 s: gol cantado de nuevo.
- Apuesta: cuando el árbitro añade más de cinco, apunta al segundo córner; el 68 % de los goles tardíos llegan tras rechace frontal.
- Truco para el FIFA 23: pon el saque de esquina en manual, carga al 75 % y dirige al primer palo; el juego reproduce el bug real: portero inmóvil y rematador libre.
Las remontadas inolvidables
Mira el partido de vuelta entre Liverpool y Alavés del 2001; el 4-4 en Dortmund resume cómo un 2-0 en contra se convirtió en un festival de goles hasta el gol de oro de McAllister que desató la histeria colectiva.
2016, Anfield: Borussia Dortmund llegó con un 1-3 cómodo. En 23 minutos Reus y compañía pusieron el 2-0 parcial. Coutinho, Origi y Lovren firmaron tres tantos seguidos para cerrar 4-3 y desatar una noche de fuegos artificiales sobre el río Mersey.
- Benfica-Feyenoord 2002: 0-2 en Lisboa, 2-2 en Róterdam; la clasificación se decidió por penaltis tras el 4-4 global.
- Valencia-Villarreal 2004: 0-1 en El Madrigal, 2-0 en Mestalla con gol de Mista en el 93'.
- Sevilla-Shakhtar 2016: 0-2 en Ucrania, 3-1 en Sánchez-Pizjuán y pase por el valor doble de los goles visitante.
2010, Hamburgo: Fulham perdía 0-2 ante Juventus con seedorf delantero campeón. Zamora empató antes del descanso, Davies puso el 3-1 y Etuhu selló el 4-1 que aún recuerdan los hinchas cantando "we’re just a bus stop in Hounslow".
El parque de los príncipes vio en 1995 cómo el Parma de Zola y Asprilla remontó 0-1 a 2-1 al Juventus; el 2-3 de la ida se volvió 3-3 global y el trofeo se fue a Italia por el gol marcado fuera.
2019, Valencia: Arsenal necesitaba un 3-0 y lo consiguió ante el Valencia local con doblete de Aubameyang y uno de Lacazette; el 7-3 global no opacó la locura de Mestalla, donde el césped pareció temblar tras el tercer tanto.
Las paradas que marcaron historia

Guarda el partido del 15 de mayo de 2013: Petr Čech desvía el remate de Arjen Robben en el minuto 117 con una mano que cambió el destino de la Orejona.
Manu Herrera voló contra el Liverpool en 2016. Paró tres veces antes del 70', incluida una doble estirada ante Origi que selló la hazaña del Sevilla.
La noche del 27 de mayo de 2009, Renan Brito pareció ampliar la portería. Shakhtar se llevó el trofeo tras negarle la gloria a Werder Bremen en cada disparo claro.
Recuerda a David de Gea en Gdansk 2025: mano izquierda contra Pogba, mano derecha contra Greenwood y, en la tanda, dos atajadas que rompieron la maldición de los penaltis para el Villarreal.
En 1995, Angelo Peruzzi se agigantó frente al Barça. Sus intervenciones de puños a la grada mantuvieron vivo al Parma hasta el gol de Dino Baggio.
La estrella de la final de 1986, en la que el Madrid se coronó tras 20 años sin tocar la copa, fue Paco Buyo. Su vuelo a los 89' al disparo de Seifert evitó la prórroga y selló la octava.
Si buscas inspiración para tu portería, revisa el corte de Fraser Forster en 2020: desvío con la punta de la bota a Icardi y, minutos después, palma de catapulta a Neymar que casi rompe el alambre.
Los héroes inesperados de la final
Si quieres revivir el gol de cabeza de Ivica Olić al Manchester en 2009, busca el minuto 102 del partido de vuelta; el croata saltó entre dos centrales y selló la hazaña del CSKA.
Diego Forlán no era titular indiscutible con el Atlético cuando, en el 2010, recibió un balón atrás, se giró y clavó el esférico junto al palo. El uruguayo lloró al borde del círculo central: hasta entonces nadie había apostado por él.
En 2016, un chico del filial, Marcos Llorente, saltó al césped en el segundo tiempo, recuperó tres balones y dio el pase antes del 3-1. Su abuelo, Paco Gento, aplaudió desde la grada sin imaginar que dos años después ese mismo mediocentro sería ídolo en otro club.
2012: Radamel Falcao cabeceó dos veces antes de los 35 minutos y el Porto se apuntó otra copa. Lo curioso fue la charla previa: el colombiano soñó con un doblete y su entrenador le dibujó la jugada en el desayuno del hotel.
El portero del Sevilla, vacío de títulos a sus 34 años, atajó los dos penaltis decisivos en 2020; cuando levantó el trofeo, sus compañeros gritaron su apodo, «Bono», hasta perder la voz.
Los jugadores que brillaron inesperadamente
Apuesta por los laterales desconocidos: suelen ser los que deciden un duelo de ida y vuelta con un centro venenoso.
En 2011, Falcao se llevó flashes, pero el portero suplente del Braga, Artur, sacó tres mano a mano que habrían sentenciado antes de la vuelta en Oporto.
El danés Kasper Schmeichel, sin contrato fijo en 2015, firmó con el Midtjylland a última hora; frente al Manchester United desvió dos penales y terminó siendo el arquétipo del héroe improvisado.
El centrocampista croata Marko Pjaca volvió de una cesión en Turquía sin sitio en la Juventus; contra el Ajax 2017 saltó desde el banquillo, armó la contra del 2-1 y se coló en la lista de convocados de la selección.
Diego Godín, central de 1,85 m, saltó más que todos en el segundo córner del Atlético 2012: su testarazo al 98' selló la prórroga ante el Athletic.
Un año después, el extremo zurdo del Benfica, Ola John, salió al 75' con el Chelsea apretando; su regate interior provocó el penalti del empate y, aunque no alcanzó la remontada, firmó la camiseta que hoy cuelga en el museo lisboeta.
El belga Denis Praet, fichado como recambio por el Sevilla 2020, desquició al Inter con dos pases de tacón que dejaron a En-Nesyri solo ante Handanovic.
Si el nombre no aparece en portadas, revisa los partidos de preparación: ahí se gestan los desequilibrios que el estadio de la próxima cita recuerda por años.
Los entrenadores que sorprendieron
Apuesta por Unai Emery si buscas al técnico que transforma equipos medios en campeones: tres trofeos seguidos con el Sevilla lo catapultaron como rey táctico del torneo.
Mircea Lucescumadridó al Shakhtar con un 4-2-3-1 endiablado, planteando presión alta en campo rival hasta la final 2009; sus jugadores corrían diez kilómetros más por partido que la media, un desgaste que ahogó al Hamburgo y sorprendió a medios alemanes.
El portugués André Villas-Boas saltó de desconocido a fenómeno en 2011: a los 33 años guio al Porto sin conocer la derrota en toda la competición, encajando solo cuatro goos en quince choques; su secreto fue un pressing coordinado que terminó con la posesión rival antes de llegar al área de Helton.
Julen Lopetegui volvió a poner al Sevilla en la cima tras dos temporadas de sequía. Con balón largo controlado y récords de pases completados, voló la portería contraria en cinco partidos consecutivos, incluyendo la remontada 3-2 al Manchester United en semifinales.
José Mourinho, en 2017, se despachó con una Roma que nadie veía en la pelea: apostó por un doble pivote físico y salidas rápidas por banda; el resultado fue un 1-0 en la tanda de penales frente al Feyenoord que dio a la capital italiana su primer título continental desde 1961.
Preguntas frecuentes:
¿Qué final de la Europa League se considera la más épica de los últimos 20 años y por qué?
Muchos hinchas siguen hablando del Sevilla-Liverpool de 2016. Los andaluces llegaban como «reyes de la UEFA» pero partían como claros perdedores ante un Liverpool que acababa de despedirse de la final de la Champions. El partido en Basilea fue un tren de ida y vuelta: 1-0 temprano de Sturridge, gol de Gameiro al filo del descanso, y en la segunda mitad dos dianas de Coke que dejaron helado a Klopp. El estadio se partió con los últimos cánticos del «campeón, campeón» y el Sevilla levantó su quinto trofeo en diez años. Para los neutrales, esa noche resume la Esencia de la competición: un equipo que parece tener la fórmula secreta y otro que se topa con el muro anímico de los hispalenses.
¿Cómo pudo el Atlético de Madrid ganar dos finales seguidas (2010 y 2012) con plantillas tan distintas?
El hilo conductor fue Diego Simeone, pero cada plantilla aportó su propio sello. En 2010, con Quique Sánchez Flores, los colchonones apostaban por la velocidad de Agüero, la jerarquía de Forlán y la seguridad de De Gea. La final ante Fulham en Hamburgo fue un partido de oficio: 2-1 tras la prórroga, con el uruguayo marcando el 1-1 y luego el penalti decisivo. Dos años después, Simeone ya estaba en el banquillo y el equipo había cambiado la mitad: Courtois, Juanfran, Miranda, Falcao… El colombiano fue la gran estrella de Bucarest: un hat-trick al Athletic Club que hizo temblar el estadio. La clave fue la misma intensidad defensiva, pero ahora con un «9» que convertía la mitad de ocasiones en gol.
¿Por qué la final de 2001 entre Liverpool y Deportivo Alavés pasó a la historia?
Por el marcador (5-4), por los goles de oro en la prórroga y por el gol del 4-4 de McAllister desde el punto de penal en el 116′. El partido en Dortmund parecía controlado por los ingleses (3-1 al descanso), pero el Alavés remontó con dos cabezazos de Javi Moreno y un lanzamiento de Cosmin Contra. A 4-4, el árbitro pitó penal por mano de Geli y desatascó la final. La peculiaridad: el Liverpool ganó con tres tantos de Owen y dos de Gérard, mientras que el Alavés marcó cuatro veces… y perdió. La prensa británica lo bautizó como «la final loca» y todavía se estudia en cursos de entrenadores por la cantidad de cambios tácticos que forzaron los vitorianos.
¿Qué papel jugó el público en la final de 2009, la primera en el nuevo estadio del Shakhtar?
El ambiente fue tan ensordecedor que los jugadores del Werder Bremen reconocieron después que «no se escuchaba ni al compañero de al lado». Donetsk se tiñó de naranja y negro una semana antes: 30 000 hinchas recibieron al equipo en el aeropuerto y la ciudad montó pantallas gigantes para los que no tenían entrada. Dentro del campo, el Shakhtar se adelantó con un gol de Luiz Adriano, perdió la ventaja, y en el 97′ Jadson recogió un rechace para firmar el 2-1 en la prórroga. La afición no paró de cantar ni un minuto; los alemanes, acostumbrados a las bandas ruidosas de la Bundesliga, confesaron que ese día se les «escapó el aire».
¿Cómo cambió la carrera de José Mourinho la final de 2003 con el Oporto?
Antes del partido era «el joven entrenador que había ganado la UEFA con un equipo medio», después pasó a ser «el especialista en títulos». En Sevilla, el Oporto se encontró con un Celtic de Martin O’Neill que remontó el 0-1 de Deco con dos goles de cabeza de Larsson. El técnico portugués movió el banquillo: sacó a McCarthy por alero y pasó a jugar con tres centrales. El empate llegó con un golazo de Derlei y en la tanda de penales Baía atajó dos. A la semana siguiente, los clubes grandes llamaron a su agente; un año después ya estaba en el Chelsea con carta blanca para fichar. Mourinho lo resume así: «Ganar la UEFA fue mi tarjeta de presentación a la élite».
¿Qué final de la Europa League suele citarse como la más dramática de los últimos 20 años y por qué?
Muchos hinchas señalan la de 2001 entre Liverpool y Alavés en Dortmund. El partido terminó 5-4 con gol de oro: un desborde total con dos penaltis, un autogol, una expulsión y el 4-4 forzando la prórroga. El desenlace fue un libre indirecto en el área que McAllister colgó al segundo palo, Delfí Geli cabeceó a su portería y el árbitro pitó el final. Para los vascos fue un golpe durísimo; para los ingleses, la culminación de una noche mítica.
¿Por qué la final de 2013 en Ámsterdam se convirtió en un hito táctico?
Por la actuación de Rafael Benítez con el Chelsea. El portugués Jesús, entrenador del Benfica, salió a presionar arriba; Benítez colocó a Ramires y a Hazard por fuera para romper líneas y dejó a Mata de falso extremo para atraer centrales. El 1-0 llegó tras un robo y contraataque de Oscar; el 2-1 definitivo fue un córner lanzado por el propio Mata que Ivanovic remató en el 93’. La plantilla celebró el único título europeo de la era del club sin Abramovich en el banquillo.
¿Qué historia hay detrás del penalti parado por Kepa en la final de 2025?
Villlarreal llegó invicto a Gdansk tras eliminar al Arsenal. Emery, que ya había ganado la competición tres veces, planteó un 4-4-2 bloqueado que neutralizó los balones a la espalda de Werner. Gerard abrió el marcador y, aunque Chelsea empató con penalti de Hazard, el partido se fue a los lanzamientos. En la tanda número 11, el portero español se tiró a su izquierda y detuvo el disparo de Rulli, que había sido sustituido por Gerónimo Rulli para tirar. Fue la primera ocasión en que un equipo español ganaba la Europa League sin ser favorito.
¿Por qué 2010 en Hamburgo marcó la consolidación del Atlético como club europeo?
Porque rompió una sequía de 48 años sin títulos internacionales. Quique Sánchez Flores colocó a Forlán por detrás de Agüero y Reyes abrió el campo. Tras ir perdiendo 0-1 ante el Fulham, el uruguayo empató con un disparo cruzado y en el 116’ definió a la media vuelta para el 2-1. El gol le valió el pichichi y la consideración de hinchas y prensa como el mejor futbolista rojiblanco de la década.
¿Qué anécdota rodea la celebración del Sevilla tras ganar en Dnipro 2015?
El club andaluz logró su cuarta copa en nueve años, pero el bus que debía llevarles al aeropuerto se averió. Los jugadores, con las medallas puestas, tuvieron que subir a un autobús urbano improvisado mientras los seguidores cantaban «campeones» desde la acera. En el trayecto, el presidente Castro prometió a Carriço y a Bacca subirles el contrato; ambos terminaron renovando y el equipo revalidó el título la siguiente temporada en Varsovia.
