Con Bruno Fitipaldo lesionado, Marcelinho Huertas sin la gasolina suficiente, Patty Mills atado en corto por la defensa blanca, y Wes Van Beck eliminado por faltas, Jaime Fernández era el único superviviente del back court del CB Canarias en el tramo final del partido del martes contra el Real Madrid. El madrileño no solo respondió, sino que lo hizo de manera superlativa... y con varias connotaciones especiales.
La confianza de Vidorreta desde hace años
Casi de manera milagrosa, y tras verse siete abajo a falta de 45 segundos (96-89), el Canarias se había agarrado al primer partido de cuartos gracias a los triples del propio Jaime y de Doornekamp (96-95). Con 12 segundos para la conclusión Lyles anotó un libre y dejó a los laguneros el ataque para al menos forzar la prórroga. Y ahí Vidorreta, a la hora de coger la pizarra en el tiempo muerto definitivo, no tuvo dudas.
Podía haber optado por la veteranía de Mills o de Huertas, o incluso por esa finta en el mano a mano que tan buenos réditos le ha dado un par de veces con Abromaitis. Pero no. El bilbaíno solo tenía ojos para Jaime. Por muy frescos que estuvieran algunos antecedentes con un desenlace negativo con el propio Fernández de protagonista. "Llevo con él toda la vida, mi confianza en él es plena porque las ha anotado muchas veces en los años que le he entrenado", significaría posteriormente el técnico.
Los fantasmas que no aparecieron
Con 11''8 por delante, Huertas sacó de banda directamente para Fernández. Tiempo de sobra para que a Jaime le devoraran los fantasmas que ya pudieron con él en duelos anteriores contra el Real Madrid. Aquel de la Supercopa, donde erró el triple final que le hubiera dado al Canarias el pase a la final; o las acciones del choque de la primera vuelta, cuando erró un tiro a falta de dos minutos, otro más con solo 16 segundos por delante, aprovechando luego solo un libre ante de la falta canasta de Llull.
Incluso, pudo pensar Jaime en lo sucedido en esa cancha y en el mismo aro, en el partido de la fase regular de la 23/24, cuando su penetración, a falta de cinco segundos (para el 78-79), no tocó ni aro. Y puestos a comerse la cabeza, debería estar fresco el tapón que apenas diez días antes le puso Ricky Rubio para evitar la victoria ante el Joventut.
El madrileño se la jugó a un todo o nada
Razones de sobra para que a cualquiera se le encogiera la mano. O al menos llevar a Jaime a evitar riesgos. Lo lógico ahí hubiera sido tirar de su mejor recurso, una penetración por la derecha mientras el resto de compañeros oficiaba un aclarado, y forzar la prórroga. Pero no, el escolta madrileño decidió ir con todo y jugarse un triple con Abalde delante.
Apuesta mayúscula y ganancias aún mayores porque el Canarias acabó llevándose la victoria gracias a esos tres puntos. Fue el ejemplo de liderazgo y madurez de Jaime. Una especie de regalo anticipado a su 33 cumpleaños que celebra este mismo jueves. La guinda a una actuación soberbia en un cuarto periodo descollante.
Jaime se había quedado sin anotar al descanso (-1 de valoración), y vio todo el tercer cuarto desde el banco, en gran medida por las enormes prestaciones de Wes Van Beck. De hecho, saltó a la pista en el cuarto por la tercera falta del norteamericano. E incluso erró su primer intento de cara al aro.
17 puntos que no se veía en 'playoff' hacía mucho
Pero el madrileño no se arrugó y se echó al equipo a la espalda. Desde ese momento: 4/4 en triples y 5/6 en libres, más una asistencia y dos robos para 20 de valoración. En total, 17 puntos que no solo sirvieron para darle el triunfo a los aurinegros, sino que además representan una hoja de servicio que no se veía desde hacía mucho en un partido de playoff.
Y es que en el último lustro, ningún jugador había sido capaz de moverse, en un solo cuarto, en los números que hizo Fernández el martes. El tope previo se encontraba en 15 tantos, obra de hasta cuatro jugadores, entre ellos Bruno Fitipaldo, que algo menos de 9 minutos de un tercer cuarto le hizo esos 15 puntos al Joventut en 2023.
El martes Fernández pulverizó todos esos registros, pero además lo hizo con un añadido: desde que empezó con su convulsión anotadora hasta que anotó el triple final, solo estuvo en cancha 4 minutos y 35 segundos. Gran regalo anticipado. Este jueves, bien haría Jaime en celebrar su aniversario de la misma manera.